Pandemia y confinamiento: el rol de la psicoterapia en la oportunidad que deriva de la crisis.

Escrito por PhD. Alejandra Pinto


La gran mayoría de las personas reconoce que su vida se afectó mucho o, al menos algo, por la pandemia del COVID-19. Entre las preocupaciones más frecuentes se encuentran: el temor a enfermar (uno mismo o los seres queridos), perder el trabajo o ver reducidos los ingresos. Además, la incertidumbre es otra fuente importante de temor (Bhattacharjee y Acharya, 2020).


Las poblaciones que se encuentran en mayor riesgo de experimentar problemas de salud mental son los adultos mayores, los profesionales empleados, el personal de salud, los niños, los adolescentes y las personas con antecedentes personales o familiares de trastornos mentales (Bhattacharjee y Acharya, 2020).


Frente a la pandemia por COVID-19, todos los países implementaron medidas de distanciamiento social y confinamiento, como estrategias para controlar la propagación del virus. Sin embargo, estas medidas adoptadas para el cuidado de la salud de la población, han tenido un fuerte impacto negativo en la salud mental de las personas.


La medida del confinamiento atenta directamente contra el proceso social que favorece la salud mental y que incluye la disponibilidad de apoyo social, la interacción diaria y el efecto protector del apoyo social sobre la posibilidad de enfermar. El distanciamiento social (que incluye las medidas de confinamiento impuestas por las autoridades sanitarias y las conductas personales de distanciamiento social) favorece la aparición de depresión, ansiedad, estrés e insomnio (Marroquin et al., 2020).


En una reciente revisión de la literatura, se estableció que la medida de cuarentena genera: estrés agudo, cansancio, desapego de otros, ansiedad, irritabilidad, insomnio, problemas de concentración, peor desempeño laboral o rechazo a trabajar, depresión, confusión, temor y rabia. Los autores además plantean que el impacto de la cuarentena es amplio, sustancial y puede ser de larga duración (Brooks et al., 2020).


Mientras la mayoría de los efectos adversos señalados deriva de la imposición de la restricción de libertad, la cuarentena voluntaria (la elección personal altruista de auto confinamiento), se relaciona con menos estrés y menos complicaciones de la salud mental al largo plazo. Además, se ha visto que informar (explicar a la población lo que sucede, intentar predecir lo que ocurrirá), realizar cuarentenas lo más breves posibles, educar sobre qué hacer durante la cuarentena, comunicar y asegurar la disponibilidad de los insumos básicos y reforzar el sentido altruista del confinamiento ayudaría a reducir los efectos adversos (Brooks et al., 2020).


Es en este escenario, de pandemia por COVID-19 y medidas de distanciamiento y aislamiento social, que buena parte de la población ha desarrollado problemas de salud mental y requerirá de ayuda especializada (psicológica, psiquiátrica). Pero también, en este mismo escenario, una buena parte de las personas ha experimentado cambios importantes, derivados de vivir una situación de crisis que ha permitido reflexiones profundas.


En situación de crisis, los viejos paradigmas, visiones de mundo y maneras de hacer se ven cuestionados y puestos a prueba. El ser humano entonces, enfrenta el desafío de adaptarse, y es en esa adaptación, que surgen las oportunidades.


La pandemia y confinamiento nos atemorizaron, rompieron nuestras rutinas, nos alejaron del trabajo y la educación, nos alejaron de nuestros seres queridos, del espacio público, nos encerraron en casa y nos forzaron a convivir y ejercer nuevos roles. A nivel colectivo, pusieron de manifiesto la precariedad y profunda desigualdad de nuestro país, interpelándonos como sociedad al gesto solidario.


El caos en la vida personal y social se erigió entonces como una oportunidad única de cambio personal y social profundo, cuestionando nuestra visión de mundo y proyecto de vida, relativizando y alterando nuestra mirada sobre lo que realmente es importante.


Es en este contexto, de crisis y cambio profundo, que la psicología y el espacio psicoterapéutico también pueden contribuir. Más allá de tratar aquellos trastornos derivados de la pandemia y el confinamiento, la reflexión que se genera en el espacio de la psicoterapia puede ayudar al individuo a clarificar, consolidar y poner en marcha las reflexiones, vivencias y experiencias desarrolladas durante estos meses.


El autoconocimiento, la autocrítica, el desarrollo personal, las nuevas metas u objetivos y, en definitiva, el propio proyecto de vida, desestructurados y reflexionados durante los meses de pandemia y confinamiento, pueden verse clarificados y consolidados en la reflexión que permite la psicoterapia.


La pandemia y el confinamiento, motores de la crisis personal y social, se vuelven entonces una oportunidad de cambio profundo, que puede permitir visualizar cómo queremos que sea el resto de nuestra vida. Un proceso de psicoterapia puede ayudarnos a visualizar y construir ese camino con mayor claridad.


Referencias

Bhattacharjee, B. and Acharya, B. (2020). The COVID-19 pandemic and its effects on mental health in USA – A review with some coping strategies. Psychiatric Quarterly, Published online ahead of print 2020, Aug 23, 1-11.

https://doi.org/10.1007/s11126-020-09836-0


Brooks, S.K., Webster, R.K., Smith, L.E., Woodland, L., Wessely, S., Greenberg, N., Rubin, G.J. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence. Lancet, 395, 912-920.

https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30460-8


Marroquín, B., Vine, V., Morgan, R. (2020). Mental health during the COVID-19 pandemic: Effects of stay-at-home policies, social distancing behavior, and social resources. Psychiatry Research, 293, 113419.

https://doi.org/10.1016/j.psychres.2020.113419


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