Cuando buscar tranquilidad en ChatGPT alimenta la ansiedad
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Una duda aparece y produce ansiedad. Para aliviarla, la persona consulta a un chatbot: “¿Estás seguro de que esto no es peligroso?”, “¿Crees que hice algo malo?”, “¿Y si ocurre lo peor?”. La respuesta tranquiliza durante unos minutos, pero luego surge una nueva excepción, otro detalle que revisar o una forma distinta de formular la misma pregunta. La conversación continúa y la tranquilidad vuelve a ser momentánea.

Los chatbots de inteligencia artificial pueden ser herramientas muy útiles para aprender, organizar ideas o resolver tareas cotidianas. Sin embargo, cuando se utilizan para eliminar repetidamente la incertidumbre o neutralizar el malestar, pueden integrarse en los mismos ciclos que mantienen el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y distintos trastornos de ansiedad.
Una publicación reciente en npj Digital Medicine propone un modelo para comprender este riesgo. Sus autores, Ashleigh Golden y Elias Aboujaoude, plantean que ciertas características de los chatbots de uso general —disponibilidad permanente, respuestas inmediatas, lenguaje convincente y tendencia a validar al usuario— podrían facilitar la búsqueda compulsiva de tranquilidad, la comprobación y otras formas de evitación.
Se trata de un modelo conceptual apoyado en mecanismos psicológicos conocidos y en evidencia todavía emergente. Por tanto, no demuestra que usar ChatGPT cause TOC o ansiedad, ni que todas las personas deban dejar de utilizar estas herramientas. Su aporte consiste en ayudarnos a reconocer cuándo una interacción aparentemente útil puede comenzar a mantener el problema que intenta resolver.
El alivio inmediato que mantiene la ansiedad
Muchos problemas de ansiedad se sostienen mediante un ciclo similar. Primero aparece una duda, una sensación corporal, una imagen intrusiva o la posibilidad de que algo negativo ocurra. Luego la persona realiza una conducta para sentirse segura: comprueba, pregunta, evita, analiza o busca garantías. Esa acción disminuye la ansiedad a corto plazo y, precisamente por producir alivio, aumenta la probabilidad de que vuelva a repetirse.
En psicología, este proceso se conoce como refuerzo negativo. “Negativo” no significa que la persona esté haciendo algo malo, sino que una conducta se fortalece porque elimina temporalmente una experiencia desagradable. El problema es que el alivio impide descubrir algo importante: que la incertidumbre puede tolerarse, que la ansiedad suele disminuir sin necesidad de neutralizarla y que muchos de los desenlaces temidos no ocurren.
Un chatbot puede incorporarse fácilmente a este ciclo. A diferencia de una persona, está disponible a cualquier hora, no se cansa de responder y permite reformular una pregunta prácticamente sin límites. Aquello que comienza como una consulta puntual puede transformarse en una búsqueda interminable de una respuesta que entregue certeza completa.
¿Por qué los chatbots pueden ser especialmente reforzantes?
La inteligencia artificial conversacional no funciona como un buscador tradicional. Produce respuestas directas, fluidas y adaptadas a la forma en que el usuario plantea el problema. Ese estilo puede transmitir más seguridad de la que realmente permite la información disponible.
Además, los modelos suelen intentar ser útiles y agradables. En algunos casos, esto los lleva a aceptar demasiado rápido la interpretación del usuario o a entregar tranquilidad sin advertir que la misma pregunta ya ha sido respondida varias veces. Si una persona teme haber cometido una falta y solicita que el chatbot analice cada detalle de lo ocurrido, probablemente recibirá nuevas perspectivas, explicaciones y preguntas. Aunque parezca un análisis productivo, también puede prolongar la necesidad de “resolver” una duda que quizá no admite certeza absoluta.
La ausencia de fricción social también influye. Cuando alguien pide tranquilidad repetidamente a familiares o amigos, suelen aparecer límites naturales: cansancio, desacuerdo o un cambio de tema. Un chatbot puede continuar indefinidamente. Esto no lo convierte por sí mismo en una herramienta dañina, pero sí puede hacer que ciertas conductas compulsivas sean más fáciles de sostener y menos visibles para el entorno.
Cómo puede manifestarse en el TOC
El TOC no consiste solamente en preocupación por el orden o la limpieza. Puede incluir pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos que generan un intenso malestar, junto con compulsiones destinadas a reducirlo. Si deseas conocer mejor sus distintas manifestaciones, puedes revisar nuestro artículo Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC): mucho más que una obsesión por el orden y la limpieza.
En la interacción con un chatbot, las compulsiones podrían adoptar formas como:
Preguntar reiteradamente si un síntoma indica una enfermedad grave.
Solicitar confirmación de que un pensamiento intrusivo no refleja los verdaderos deseos o valores de la persona.
Reconstruir una conversación para determinar con certeza si se ofendió a alguien.
Confesar repetidamente acciones o pensamientos considerados moralmente incorrectos.
Pedir nuevas comparaciones hasta encontrar la decisión “perfecta”.
Reformular una misma pregunta porque la respuesta anterior no produjo tranquilidad suficiente.
El contenido cambia, pero la función se mantiene: reducir la angustia y alcanzar una seguridad imposible de garantizar por completo. Cada respuesta puede aliviar momentáneamente, aunque también enseña que la duda era peligrosa y que fue necesario recurrir nuevamente a una comprobación externa.
Ansiedad generalizada, ansiedad social y perfeccionismo
El mismo mecanismo puede aparecer fuera del TOC. Una persona con ansiedad generalizada podría consultar una y otra vez por posibles problemas de salud, trabajo, dinero o relaciones. La conversación da la impresión de estar resolviendo el futuro, pero en realidad puede convertirse en una forma de preocupación repetitiva que posterga la acción y aumenta la dependencia de nuevas respuestas.
En la ansiedad social, el chatbot puede utilizarse para revisar minuciosamente una conversación pasada: “¿Soné poco inteligente?”, “¿Habrá interpretado mal este comentario?”, “¿Debería haber respondido de otra manera?”. También puede emplearse para ensayar tantas versiones de una interacción futura que la preparación deja de ser útil y se transforma en evitación.
Algo similar ocurre con el perfeccionismo y la dificultad para tomar decisiones. Pedir opciones o editar un texto con inteligencia artificial puede ahorrar tiempo. Pero si cada respuesta genera una nueva ronda de ajustes porque ninguna alternativa parece suficientemente segura, la herramienta comienza a participar en el temor a equivocarse. El indicador principal no es cuántas veces se usa la IA, sino qué función cumple y si permite avanzar o mantiene a la persona atrapada.
Señales de que el uso puede estar manteniendo el problema
No toda consulta repetida es una compulsión. A veces necesitamos aclarar información, comparar alternativas o profundizar en un tema complejo. Conviene prestar atención cuando aparecen algunos de estos patrones:
La misma preocupación se consulta reiteradamente con pequeñas variaciones.
La respuesta produce alivio, pero la duda regresa poco después.
Se dedica cada vez más tiempo a conversar con el chatbot y se postergan otras tareas.
Resulta difícil tomar una decisión sin validarla primero con la IA.
El chatbot sustituye conversaciones, experiencias o actividades que generan incomodidad.
Se busca una certeza total sobre preguntas que no pueden responderse con absoluta seguridad.
El uso aumenta cuando hay ansiedad y disminuye principalmente cuando se obtiene tranquilidad.
Estas señales no permiten diagnosticar un trastorno. Más bien invitan a observar el patrón funcional: qué ocurre antes de abrir el chatbot, qué se espera conseguir y cuánto dura el alivio después de la respuesta.
¿Es necesario dejar de usar inteligencia artificial?
En la mayoría de los casos, una prohibición absoluta no sería la primera alternativa. Los chatbots pueden resultar útiles para el trabajo, el estudio, la creatividad y muchas tareas cotidianas. El objetivo es diferenciar los usos que ayudan a actuar de aquellos que buscan eliminar cada duda o emoción incómoda.
Puede ser útil definir límites concretos: usar la herramienta para obtener información general, organizar una tarea o generar alternativas, pero no para solicitar garantías repetidas sobre un temor. También se puede establecer un número de consultas, retrasar la respuesta al impulso de preguntar o volver a la actividad que estaba siendo evitada.
Una pregunta sencilla puede orientar esta decisión: “¿Estoy usando esta respuesta para avanzar o para sentirme completamente seguro?”. Si la finalidad es alcanzar certeza total, quizá lo más saludable sea tolerar la duda en lugar de continuar alimentando el análisis.
Esto es particularmente importante cuando se utiliza un chatbot como apoyo psicológico. Como explicamos en Por qué ChatGPT no debería ser tu terapeuta, un sistema de uso general puede ofrecer información o ayudar a ordenar pensamientos, pero no reemplaza la evaluación, la responsabilidad clínica ni la comprensión contextual de un profesional.
El papel de la psicoterapia
Los autores del modelo proponen que los profesionales incorporen preguntas sobre el uso de inteligencia artificial en la evaluación clínica, del mismo modo que exploran otras conductas de comprobación, evitación o búsqueda de tranquilidad. No es necesario presentar la tecnología como enemiga. Resulta más útil comprender cómo está siendo utilizada y si favorece o interfiere con los objetivos terapéuticos.
En el TOC, la exposición con prevención de respuesta es uno de los tratamientos con mayor respaldo. Su propósito no es demostrar que nada malo ocurrirá, sino ayudar a la persona a acercarse gradualmente a aquello que teme sin realizar la compulsión habitual. De esta manera puede aprender que es capaz de tolerar la incertidumbre y que la ansiedad puede disminuir sin buscar garantías.
Cuando el chatbot participa en la compulsión, la prevención de respuesta podría incluir no formular determinadas preguntas, no pedir nuevas versiones de una misma respuesta o utilizar una frase previamente acordada que recuerde el objetivo terapéutico. Este tipo de estrategia debería diseñarse de manera individual y, cuando existe un trastorno diagnosticado, idealmente con acompañamiento profesional.
La IA incluso podría cumplir una función complementaria si se usa dentro de límites claros. Por ejemplo, podría recordar un plan elaborado en terapia o ayudar a organizar tareas que no formen parte del ciclo obsesivo. Sin embargo, esto no transforma al chatbot en terapeuta ni garantiza que identifique correctamente una compulsión.
Aprender a convivir con preguntas sin respuesta inmediata
La disponibilidad de respuestas instantáneas puede hacernos olvidar que una parte importante de la salud psicológica consiste en soportar no saber. Ninguna herramienta puede eliminar por completo la posibilidad de equivocarnos, enfermar, ser malinterpretados o enfrentar un resultado inesperado.
El problema no está en hacer preguntas ni en utilizar inteligencia artificial. Aparece cuando preguntar se convierte en la única forma de regular la ansiedad y cada respuesta exige una nueva comprobación. En ese momento, la tecnología puede dejar de ampliar nuestra capacidad de actuar y comenzar a estrecharla.
La relación entre inteligencia artificial y salud mental contiene oportunidades, pero también riesgos que van más allá de las situaciones extremas. En Inteligencia Artificial y Salud Mental: riesgos emergentes, delirios tecnológicos y nuevos desafíos clínicos analizamos otros patrones que requieren atención. En el caso de la ansiedad y el TOC, el desafío es más cotidiano: reconocer cuándo una conversación aparentemente tranquilizadora está impidiendo aprender que la incertidumbre también puede tolerarse.
En Centro Ps. Eduardo Schilling ofrecemos psicoterapia online y presencial para personas que necesitan comprender y tratar problemas de ansiedad, pensamientos obsesivos o conductas de comprobación que interfieren con su vida cotidiana.
Este artículo fue elaborado tomando como referencia el trabajo de Ashleigh Golden y Elias Aboujaoude, “A transdiagnostic model for how general purpose AI chatbots can perpetuate OCD and anxiety disorders”, publicado en npj Digital Medicine en 2026. El artículo presenta un modelo conceptual sobre la manera en que los chatbots de uso general podrían reforzar la evitación, la búsqueda de tranquilidad y otros mecanismos presentes en el TOC y los trastornos de ansiedad. Puedes consultar la publicación original.



