Salud mental en Chile 2026: cómo la incertidumbre económica y social está afectando nuestro bienestar
Este artículo cuenta con una versión en audio para facilitar su lectura.
En Chile, la ansiedad, la depresión, el insomnio y la soledad han aumentado de manera simultánea. Al mismo tiempo, muchas personas manifiestan preocupación por el empleo, el acceso a la salud, la situación económica, los cambios sociopolíticos y el futuro. No se trata de afirmar que un solo acontecimiento explique el deterioro de la salud mental, pero los datos recientes muestran que el malestar psicológico está creciendo en un contexto marcado por múltiples fuentes de incertidumbre.

La duodécima ronda del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC, difundida en octubre de 2026, encontró que un 18,5% de la población adulta urbana presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental. La cifra aumentó 5,8 puntos porcentuales frente a abril de 2025 y es la más alta de los últimos cuatro años. También subieron los síntomas moderados o severos de ansiedad, depresión e insomnio, junto con la percepción de soledad.
En paralelo, el informe Stress in America 2026 de la American Psychological Association describe un fenómeno semejante en Estados Unidos: para muchas personas, el estrés dejó de sentirse como una interrupción excepcional y comenzó a formar parte de la vida cotidiana. Aunque los resultados de ambos países no deben compararse como si provinieran de una misma población o metodología, su convergencia plantea una pregunta relevante: ¿qué ocurre psicológicamente cuando el futuro se percibe como incierto durante demasiado tiempo?
Un deterioro amplio de la salud mental en Chile
El Termómetro Achs-UC evaluó a 2.700 personas adultas de zonas urbanas mediante instrumentos internacionalmente utilizados para estudiar problemas generales de salud mental, ansiedad, depresión, insomnio y soledad. Sus resultados no equivalen por sí solos a diagnósticos clínicos, pero permiten estimar la presencia de síntomas y observar su evolución en el tiempo.
Los principales indicadores de 2026 son preocupantes:
Indicador | Resultado en población adulta urbana |
Sospecha o presencia de problemas de salud mental | 18,5% |
Síntomas moderados o severos de ansiedad | 17,9% |
Síntomas moderados o severos de depresión | 16,2% |
Insomnio moderado o severo | 14,3% |
Soledad percibida alta | 21,9% |
El deterioro no se distribuye de manera uniforme. Los síntomas depresivos moderados o severos alcanzaron al 20,5% de las mujeres y al 11,6% de los hombres. Estas diferencias no deberían interpretarse como una vulnerabilidad puramente individual. También pueden relacionarse con desigualdades en las tareas de cuidado, condiciones laborales, exposición a violencia, ingresos, redes de apoyo y acceso a tratamiento.
Otro dato importante es la brecha entre presentar síntomas y reconocer la necesidad de ayuda. Entre quienes mostraron problemas generales de salud mental, un 61% no identificó que necesitaba consultar. Entre quienes sí reconocieron esa necesidad, pero no accedieron a atención, un 54,1% mencionó barreras económicas, de disponibilidad o de agendamiento. Sin embargo, entre las personas que recibieron tratamiento durante el último año, un 73,8% informó una mejoría y un 75,4% se declaró satisfecha con la atención.
Estos resultados indican que el aumento del malestar convive con obstáculos concretos para pedir ayuda. También recuerdan que experimentar síntomas no significa necesariamente estar ante un trastorno psicológico. La duración, la intensidad, la interferencia en la vida cotidiana y la historia de cada persona son fundamentales para realizar una evaluación clínica adecuada.
¿Qué está generando estrés en Chile?
Los principales estresores informados no corresponden únicamente a dificultades privadas. Muchos se relacionan con condiciones sociales sobre las que una persona tiene un control limitado.
El estrés por el cambio climático llegó al 53,8%, mientras que la preocupación por los cambios sociopolíticos alcanzó el 52,5%. Un 49,4% manifestó alto estrés ante la posibilidad de necesitar tratamientos o medicamentos y no poder pagarlos; un 49,2% temía enfermarse y no recibir atención adecuada; y un 46,7% se encontraba muy estresado por la situación económica futura.
La incertidumbre laboral también está presente. El temor a perder el empleo alcanzó al 24,7% y un 23,3% declaró alto estrés ante la posibilidad de que la automatización o la inteligencia artificial afectaran su estabilidad laboral o la de alguien de su hogar. Esta preocupación adquiere mayor significado considerando que el Instituto Nacional de Estadísticas informó una tasa de desocupación de 9,8% para el trimestre julio-septiembre de 2026, 1,3 puntos porcentuales más que un año antes.
Estas cifras no permiten concluir que el desempleo, la discusión política o el costo de la salud sean responsables directos de cada síntoma. El estudio muestra coexistencia y asociaciones a nivel poblacional, no el origen clínico de cada caso. Aun así, ofrece un contexto necesario: muchas personas intentan regular sus emociones mientras enfrentan amenazas materiales y sociales reales.
Nuestro artículo sobre qué es el estrés y qué ocurre cuando se mantiene en el tiempo explica con mayor detalle por qué una respuesta que inicialmente nos ayuda a adaptarnos puede volverse desgastante cuando la activación se prolonga.
Por qué la incertidumbre puede resultar tan agotadora
Un problema definido permite identificar qué ocurrió, estimar sus consecuencias y organizar una respuesta. La incertidumbre funciona de otro modo: mantiene abiertas varias posibilidades y obliga a la mente a actualizar continuamente sus predicciones.
Cuando una persona no sabe si conservará su empleo, si podrá pagar una atención médica o si la situación económica mejorará, puede intentar reducir la incertidumbre mediante preocupación, búsqueda constante de información o anticipación de escenarios negativos. Estas estrategias entregan una breve sensación de preparación, pero no siempre producen una solución. En ocasiones mantienen activo el sistema de amenaza.
La psicología denomina intolerancia a la incertidumbre a la tendencia a reaccionar negativamente ante situaciones en las que falta información relevante. No significa simplemente preferir la seguridad. Puede expresarse como una necesidad intensa de anticipar todo, interpretar la ambigüedad como amenaza o paralizarse ante la posibilidad de equivocarse.
Un metaanálisis de 181 estudios y más de 52.000 participantes encontró una asociación moderada entre la intolerancia a la incertidumbre y síntomas de distintos problemas psicológicos, incluidos ansiedad generalizada, pánico, ansiedad social, síntomas obsesivo-compulsivos, depresión y dificultades alimentarias. Esto respalda su carácter transdiagnóstico: no pertenece a un solo diagnóstico y puede influir de maneras distintas según la persona.
La incertidumbre también puede afectar la toma de decisiones. Si ninguna alternativa parece suficientemente segura, se puede postergar una conversación, una consulta médica, un cambio laboral o una decisión familiar. La postergación reduce momentáneamente la ansiedad, pero deja el problema abierto y puede reforzar la idea de que decidir es peligroso.
Cuando el estrés se convierte en un estado de fondo
El informe de la APA ayuda a comprender otro cambio: el estrés puede normalizarse. En Estados Unidos, el 77% señaló el costo de vida como una fuente significativa de estrés, el 74% mencionó el futuro del país y el 72% estuvo de acuerdo con que el estrés es algo con lo que simplemente debe vivir.
Aprender a convivir con cierta incertidumbre es una capacidad adaptativa. El problema aparece cuando “acostumbrarse” significa dejar de reconocer señales de agotamiento o asumir que dormir mal, sentirse irritable y permanecer constantemente preocupado son condiciones inevitables.
El estrés sostenido puede manifestarse de maneras menos evidentes que una crisis de angustia. Algunas personas se vuelven más impacientes; otras pierden interés en actividades que antes disfrutaban, revisan compulsivamente las noticias o se aíslan porque no tienen energía para relacionarse. También pueden aparecer tensión muscular, fatiga, dificultad para concentrarse, cambios en el apetito y problemas de sueño.
El aumento del insomnio observado en Chile merece atención. Dormir mal puede intensificar la reactividad emocional y la percepción de amenaza, mientras que la preocupación dificulta conciliar o mantener el sueño. Se forma así un circuito que se retroalimenta. En nuestro análisis sobre sueño y salud mental revisamos esta relación bidireccional y las señales que justifican una evaluación profesional.
Informarse sin quedar atrapado en la amenaza
En períodos de cambios económicos o políticos, informarse puede aumentar la capacidad de actuar. Sin embargo, consumir noticias de manera continua no necesariamente produce mayor comprensión. La exposición repetida a titulares alarmantes puede dejar a la persona con una acumulación de amenazas, pero sin una representación clara de su probabilidad ni de las acciones disponibles.
Una estrategia útil consiste en distinguir tres niveles:
Lo que está ocurriendo: información confirmada mediante fuentes confiables.
Lo que podría ocurrir: escenarios posibles cuya probabilidad todavía es incierta.
Lo que mi mente predice: interpretaciones personales que pueden estar influidas por el miedo, experiencias anteriores o falta de información.
Esta separación no busca negar los riesgos. Permite evitar que una posibilidad sea tratada automáticamente como un hecho consumado.
También puede ser útil definir momentos concretos para informarse, reducir las notificaciones automáticas y elegir pocas fuentes con estándares editoriales reconocibles. Si después de leer una noticia no existe ninguna acción razonable que realizar, continuar buscando información puede aumentar la activación sin mejorar la capacidad de respuesta.
Qué podemos controlar y qué requiere respuestas colectivas
El manejo del estrés suele presentarse como una responsabilidad individual: dormir mejor, respirar, hacer ejercicio o pensar de manera positiva. Estas prácticas pueden ayudar, pero resultan insuficientes si se utilizan para ignorar la precariedad laboral, el costo de la atención, las deudas o la falta de redes de apoyo.
Una respuesta psicológicamente cuidadosa necesita reconocer ambos niveles. En el plano personal, es posible trabajar sobre la forma de relacionarse con la incertidumbre, recuperar rutinas, pedir apoyo, limitar la sobreexposición informativa y tomar decisiones proporcionales a la información disponible. En el plano colectivo, empleadores e instituciones pueden reducir incertidumbres evitables mediante comunicación clara, plazos definidos, participación y acceso oportuno a servicios.
La regulación emocional tampoco consiste en eliminar emociones incómodas. Implica reconocerlas, comprender qué información aportan y elegir una respuesta que no esté gobernada completamente por ellas. En este artículo sobre estrategias de regulación emocional explicamos cómo la aceptación, la reevaluación y la modificación de situaciones pueden utilizarse de manera flexible.
Algunas acciones concretas pueden ser:
Traducir una preocupación general en un problema específico y verificable.
Identificar la próxima acción posible, aunque no resuelva todo el escenario.
Diferenciar preparación de rumiación: la primera conduce a una decisión; la segunda repite el problema sin producir nueva información.
Mantener actividades que aportan conexión, descanso y sentido, incluso cuando no eliminan la fuente de estrés.
Conversar con otras personas sin transformar cada encuentro en una revisión de amenazas.
Evitar decisiones importantes durante momentos de máxima activación, cuando sea posible postergarlas de manera segura.
En el ámbito laboral, también conviene distinguir entre adquirir nuevas capacidades y vivir bajo una exigencia constante de actualización. La automatización genera oportunidades, pero también temores reales. Nuestro artículo sobre miedo a perder el trabajo por la inteligencia artificial analiza cómo la esperanza, la autoeficacia, la resiliencia y el optimismo pueden ayudar, sin convertir la adaptación en una obligación exclusiva del trabajador.
Cuándo conviene buscar ayuda psicológica
No es necesario esperar a que la situación sea extrema. Conviene considerar una consulta cuando la preocupación resulta difícil de controlar, el sueño se mantiene alterado, aparecen crisis de angustia, la irritabilidad afecta las relaciones o la persona comienza a evitar actividades importantes.
También es recomendable pedir ayuda si existe una pérdida sostenida de interés, sentimientos de desesperanza, consumo problemático de alcohol u otras sustancias, o pensamientos relacionados con no querer vivir. Ante un riesgo inmediato, se debe buscar atención de urgencia y apoyo de una persona cercana.
La psicoterapia no puede eliminar la incertidumbre económica o social. Sí puede ayudar a reconocer los ciclos que mantienen la ansiedad, ampliar la tolerancia a no saber, recuperar la capacidad de decidir y diferenciar riesgos actuales de predicciones amplificadas por el miedo. Una revisión y metaanálisis publicada en 2024 encontró que distintas psicoterapias pueden reducir la intolerancia a la incertidumbre, aunque todavía se necesita precisar qué componentes producen mejores resultados para cada problema.
Vivir con incertidumbre sin resignarse al malestar
Los datos de 2026 no muestran simplemente que los chilenos estén “más sensibles”. Describen un deterioro amplio de indicadores de salud mental dentro de un escenario que combina preocupaciones económicas, laborales, sanitarias, ambientales y sociopolíticas.
Normalizar este malestar como parte inevitable de la vida puede retrasar la búsqueda de ayuda. Al mismo tiempo, explicar todo como un problema individual invisibiliza las condiciones que generan inseguridad. Una comprensión más completa reconoce que la salud mental depende tanto de recursos personales y relaciones significativas como de condiciones materiales, acceso a atención y confianza en el futuro.
No podemos exigir certeza absoluta antes de avanzar. Podemos aprender a identificar qué información falta, actuar sobre aquello que está a nuestro alcance y pedir apoyo cuando la preocupación comienza a organizar la vida. Tolerar la incertidumbre no significa resignarse.
Significa conservar la capacidad de pensar y decidir aun cuando el futuro todavía no está completamente definido.
En Centro Ps. Eduardo Schilling ofrecemos psicoterapia online y presencial para personas que experimentan ansiedad, estrés, alteraciones del sueño u otras dificultades asociadas a períodos de incertidumbre y cambio.
Fuentes y referencias
American Psychological Association. Stress in America 2026: The stress of uncertainty.
Pontificia Universidad Católica de Chile. Depresión, soledad, insomnio y ansiedad: salud mental de los chilenos llega a sus peores niveles desde la pandemia.
Instituto Nacional de Estadísticas. La tasa de desocupación nacional fue 9,8% en el trimestre julio-septiembre de 2026.
McEvoy, P. M. y colaboradores (2019). The impact of methodological and measurement factors on transdiagnostic associations with intolerance of uncertainty: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 73, 101778.
Näsling, J. y colaboradores (2024). Effect of Psychotherapy on Intolerance of Uncertainty: A Systematic Review and Meta-Analysis. Clinical Psychology & Psychotherapy, 31(4), e3026.



