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Smartphones en la adolescencia temprana: riesgos para la salud mental, el sueño y el bienestar físico

Actualizado: 18 dic 2025


Este artículo cuenta con una versión en audio para facilitar su lectura.


Smartphones en la adolescencia temprana: riesgos para la salud mental, el sueño y el bienestar físico

En la actualidad, el acceso a la tecnología es prácticamente inevitable, y los teléfonos inteligentes han pasado a formar parte integral del día a día, incluso en edades muy tempranas. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista Pediatrics el 1 de diciembre de 2025, realizado por el Children’s Hospital of Philadelphia (CHOP) en colaboración con la Universidad de California, Berkeley y Columbia University, aporta nueva evidencia sobre los potenciales riesgos de adquirir un smartphone durante la infancia o la adolescencia temprana.


Niña mirando una tablet


Este trabajo, liderado por el Dr. Ran Barzilay, psiquiatra infantil e investigador del Youth Suicide Prevention, Intervention and Research Center, revela asociaciones preocupantes entre la posesión temprana de un teléfono inteligente y el incremento de problemas de salud mental y física, incluyendo depresión, obesidad y trastornos del sueño.


Un estudio a gran escala sobre el uso de smartphones en la adolescencia

La investigación analizó datos recogidos entre 2018 y 2021 de más de 10.000 adolescentes participantes del estudio Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), uno de los proyectos longitudinales más ambiciosos sobre desarrollo cerebral infantil en EE.UU. El objetivo fue evaluar cómo la propiedad y edad de adquisición del smartphone influían en diversas variables de salud, controlando por factores como el nivel socioeconómico, el desarrollo puberal, la supervisión parental y el uso de otros dispositivos electrónicos.


Uno de los hallazgos más importantes fue que poseer un smartphone a los 12 años se relacionó significativamente con mayores riesgos de depresión, obesidad y falta de sueño. Además, mientras más temprano era el acceso al dispositivo, mayores eran los riesgos observados, en particular en lo que respecta al aumento de peso y los problemas de descanso nocturno.

Incluso en adolescentes que no tenían un smartphone a los 12 años, obtenerlo a los 13 se asoció con un deterioro en el bienestar mental y del sueño, comparado con sus pares que aún no poseían uno a esa edad.


¿Cómo interpretar estos hallazgos?

El Dr. Barzilay subraya que estos resultados no deben interpretarse de forma alarmista o reduccionista: no todos los adolescentes sufrirán efectos negativos por tener un smartphone. De hecho, en muchos casos, estos dispositivos ofrecen beneficios importantes, como facilitar la comunicación, fomentar aprendizajes y brindar acceso a recursos valiosos.

Sin embargo, sostiene que la decisión de cuándo entregar un smartphone debe ser tomada con cautela, considerando tanto los beneficios como los riesgos, y adaptándose al contexto familiar, la madurez del menor y sus necesidades específicas.


La investigación aún no determina con precisión qué aspectos del uso del teléfono (por ejemplo, ciertas apps, duración de uso, tipo de interacción) son los más nocivos. Este será el próximo paso del equipo de investigación, que también busca identificar qué adolescentes podrían ser más vulnerables a estos efectos adversos y quiénes podrían obtener mayores beneficios del acceso a la tecnología.



Recomendaciones prácticas para las familias

Dada la prevalencia del uso de smartphones entre jóvenes, es poco realista plantearse evitar su uso por completo. Lo que sí es posible —y deseable— es acompañar y regular el acceso, estableciendo límites claros y promoviendo hábitos saludables. Entre las sugerencias ofrecidas por el equipo investigador se incluyen:

  • Establecer normas familiares claras antes de entregar un smartphone, idealmente a través de un acuerdo o contrato que detalle condiciones de uso.

  • Regular el uso del teléfono en momentos clave como la hora de dormir, durante las comidas o en espacios de estudio, asegurando coherencia entre todos los adultos responsables.

  • Ajustar configuraciones de privacidad y contenidos para evitar el acceso a material inapropiado, y mantener conversaciones regulares sobre los efectos del uso del dispositivo.

  • Fomentar tiempos sin pantalla que permitan el ejercicio físico, la interacción cara a cara y el descanso mental, todos factores protectores frente a la obesidad y los trastornos del estado de ánimo.


Además, se recomienda consultar las guías de la Academia Americana de Pediatría y de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente, que ofrecen recursos específicos para ayudar a las familias a navegar estos desafíos.


Reflexión final

Los datos emergentes invitan a un enfoque más reflexivo y menos automático sobre el uso de smartphones en la adolescencia. Más allá de demonizar la tecnología, se trata de comprender los matices de su impacto y acompañar su uso de manera responsable y consciente. Las familias, las escuelas y los profesionales de la salud mental juegan un rol clave en este proceso.


Desde Centro Ps. Eduardo Schilling, reafirmamos nuestro compromiso con la salud mental de niños y adolescentes, promoviendo prácticas informadas que favorezcan su desarrollo integral en un mundo cada vez más digitalizado.



Referencia del estudio:Barzilay et al. “Smartphone Ownership, Age of Smartphone Acquisition, and Health Outcomes in Early Adolescence.” PEDIATRICS. Publicado online el 1 de diciembre de 2025. DOI: https://doi.org/10.1542/peds.2025-072941 Lecturas sugeridas para profundizar en el tema:


Estas lecturas complementarias pueden ayudarte a comprender con mayor profundidad cómo el uso de tecnología y dispositivos móviles se entrelaza con el desarrollo emocional, cognitivo y físico en la infancia y adolescencia.

 
 
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